Historias de la puta mili

CIVIL
Me enchufó el fonendoscopio. Parecía que escuchaba.
– Usted es apto para el servicio militar.
Lo del soplo al corazón no colaba y ya había consumido las prórrogas por estudios.

RECLUTA
En el campamiento duchas frias y letrinas hediondas. Sumisión total ante tuercebotas. Iguales que se putean. Prepotencia. Huevos fritos con yema azul.

HIJO
En el cuartel, los abuelos nos levantaban todas las noches.
Odiaba aquellas paredes: todo el puto día saludando a los galones de tipos impresentables.
Todos los días barriendo y fregando o escondido bajo, sobre o dentro de los camiones para no volver a barrer lo barrido y después fregar lo fregado.
Y las guardias. Las chupé a mansalva. Borracho.
Cada 3 horas, 1 en la garita, esa, con fusil, botella de litro rellena de cerveza, pipas y novela de Estefanía. Cientos de novelas sobre un tipo alto y delgado que montaba a caballo que repartían en el bar donde se vendía la cerveza. ¿De dónde sacaban tantas novelas?
A las 18h a la calle, cambio a civil en el piso alquilado entre 6 compañeros y una cerveza detrás de otra hasta la hora de vuelta. En los permisos de fin de semana, visita cultural y más cerveza.
Dos energúmenos con rango de Cabo primero se presentaron a un examen para policía nacional y suspendieron. Se presentaron después a otro examen para guardia civil (perfil de inteligencia más bajo) y suspendieron. Después se reengancharon al ejército. Uno de ellos me hizo arriar la bandera durante una guardia porque creía que me importaba por ser vasco. Mientras lo hacía cantaba para mis adentros una canción de Quilapayún “Dicen que la patria es un fusil y una bandera mi patria son mis hermanos que están labrando la tierra…”

PADRE
Cuando me dieron el carné de conducir camiones, le pedí al oficinista que me enviara lejos del cuartel. Cuanto más lejos y más tiempo, mejor. En el primer viaje, armado con un pistolón fui a una estación de tren. Me llenaron el camión de bombas y terminé entrando en el interior de un monte, túneles y más túneles, cajas y cajas.
Muchas veces puse la marcha en punto muerto, cuesta abajo y acelerando al máximo para que se cargaran los depositos de aire que necesitaban los frenos de los camiones. Sí frenabas se vaciaban y había que llenarlos.

ABUELO
Me levantaba todas las noches para mandarlos a la cama.
Conseguí que no me ascendieran a cabo pero me pusieron de ordenanza del teniente (máxima autoridad en la compañía). Se acabaron los viajes, con un cordón rojo que me cruzaba el pecho esperaba todo el tiempo junto a su puerta. Para el medio día se tomaba unos 5 whiskys y lo llevaba, en una furgo de 9 plazas, a su casa que estaba más cerca caminando, 3 minutos.

otra vez CIVIL
Que os den