Cada vez que sembramos

Con el tiempo se va conociendo el terreno que pisamos, y vamos viendo cual es la medida de la semilla que debemos plantar.
Porque siempre aunque no queramos, entre las espigas de trigo nos surgen abrojos .
Muchas veces hago algo sin pensar, solo dejándome llevar por lo que dicta mi corazón, y por cómo me sentiría si me lo hicieran a mi.
Es entonces, cuando se me ocurre mandar una postal o una carta sin una fecha predeterminada, solo para decir “te quiero” a ese alguien que la recibirá.
Darles el besito de las buenas noches a mis hijos, a pesar de que ya son hombres grandes.
Cosas así, simples, espontáneas.
Y ahora pienso en las palabras de Jorge Luis Borges:

UNO APRENDE…
“Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma.
Y uno aprende
que el amor no significa acostarse
y una compañía no significa seguridad
y uno empieza a aprender…
Que los besos no son contratos
y los regalos no son promesas.
Y uno empieza a aceptar sus derrotas
con la cabeza alta y los ojos abiertos.
Y uno aprende a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes…
Y los futuros tienen una forma de
caerse en la mitad.
Y después de un tiempo
uno aprende que si es demasiado,
hasta el calorcito del sol quema.
Así es que uno planta su propio jardín
y decora su propia alma,
en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte,
que uno realmente vale,
uno aprende y aprende…
y con cada día uno aprende….”
“Jesús Piñeiro”